Contratar a alguien para que te haga la web es un poco como contratar una reforma: si no sabes qué preguntar, es fácil acabar pagando de más por algo que no funciona como esperabas. Aquí van las preguntas que de verdad importan.

1. ¿Quién va a atenderme cuando algo falle?

Muchas agencias grandes entregan la web y desaparecen, o te derivan a un ticket de soporte genérico. Pregunta directamente: "si dentro de tres meses algo no funciona, ¿a quién escribo?". Si la respuesta es vaga, es una señal de alarma.

2. ¿La web es realmente mía?

Asegúrate de que el dominio y el hosting quedan a tu nombre, no al de la agencia. Si algún día quieres cambiar de proveedor, no deberías depender de que "te lo cedan".

3. ¿Qué pasa si quiero cambiar un texto o una foto?

Algunas agencias cobran cada cambio como un proyecto nuevo. Pregunta si los cambios de contenido están incluidos en la cuota mensual o si tienen coste aparte.

4. ¿Cuánto tarda en estar lista?

Una web sencilla no debería tardar meses. Desconfía de plazos muy largos sin justificación, y también de plazos "en 48 horas" que suelen significar plantillas sin personalizar.

5. ¿Puedo ver ejemplos de su trabajo?

Cualquier profesional serio te puede enseñar webs reales que ha hecho. Si no hay portfolio ni referencias, es difícil saber qué nivel de trabajo estás contratando.

En resumen

  • Busca trato directo, no un embudo de tickets.
  • Confirma que el dominio y hosting quedan a tu nombre.
  • Pregunta qué incluye exactamente la cuota mensual.
  • Desconfía de plazos extremos, en cualquier dirección.
  • Pide ver ejemplos reales antes de decidir.